Su historia de amor no solo unió dos vidas; construyó una familia, sembró valores y dejó en nuestros corazones la certeza de que el amor, cuando se vive con Dios, compromiso y lealtad, puede durar para siempre.
Cincuenta años no solo representan el paso del tiempo, representan miles de maneras de amarse, respetarse, elegirse y caminar siempre de la mano.
Su historia será siempre nuestro mayor orgullo y nuestra mejor herencia.
Los amamos infinitamente.



